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¡No reduzcas a Dios!
Éxodo capitulo 20 versículo 7 dice, “no tomaras el nombre del Señor tu Dios en vano; porque no dará el Señor por inocente al que tomare su nombre en vano”. En otras palabras lo que este mandamiento esta diciendo es: no reduzcas a Dios con tus palabras ni con tus acciones. No minimices a Dios. No lo hagas chiquito. No tomes el nombre de Dios en vano.
Hay un ambiente de mucha informalidad con Dios que reina en esta generación. Es como una mentalidad o una actitud muy casual acerca de Dios y usamos el nombre de Dios con mucha facilidad y con mucha informalidad. Alguna gente desafortunadamente aun en nuestro vocabulario hemos utilizado a Dios para cosas que no tienen nada que ver con Dios. Lo que la palabra nos esta animando es que cuando usemos el nombre de Dios, nuestro Señor, debemos hacerlo con el respeto y la elegancia que El se merece. Usémoslo con ese cuidado, con esa protección, con esa delicadeza, sobre todo con ese respeto.
Dice Proverbios que el principio de la sabiduría es el temor de Dios. Necesitamos pedirle a Dios que nos dé un temor saludable. El temor saludable es el temor de Dios; reconocer que El es grande, majestuoso y sin igual. No hay nadie como nuestro Dios y cuando pronunciamos su nombre lo podemos hacer con confianza pero también con respeto.
En los años antiguos, las personas a las que se les había encargado el escribir las Escrituras se llamaban “escribas”. Estos hombres cuando llegaban a una de las palabras que hablaban de Dios se detenían en ese lugar, se iban a su baño, se quitaban su ropa, se bañaban de pies a cabeza, se ponían ropa limpia, regresaban a su escritorio y luego escribían la palabra “Dios”. Lo que hacían era para mostrarle el respeto absoluto a un nombre que ellos no podían entender porque Dios es más grande que cualquiera de nosotros, Dios es más grande que nuestro entendimiento. Y le tenían un temor tan sano y un respeto tan profundo que no querían ni siquiera escribir su nombre estando con alguna clase de suciedad en su persona, en su físico.
¡Qué increíble que nosotros tuviéramos el mismo cuidado cada vez que vamos a mencionar ese nombre precioso, santo y temible de Dios, nuestro Señor! Cuando lo nombramos tenemos que hacerlo con admiración, con respeto, con temor.
Los nombres tienen importancia. Ahora, si alguien usa equivocadamente nuestro nombre –“dice Marcos Witt que hagas esto” y Marcos Witt nunca lo dijo – se reduce el impacto y el poder de ese nombre. Si nosotros no usamos con cuidado el nombre de nuestro Señor Jesucristo, lo estamos haciendo quedar mal ante un mundo que le urge saber que Jesucristo es la única respuesta a sus necesidades.
Declara el apóstol Pablo en el libro de Filipenses, “por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo y le dio un nombre que es sobre todo nombre” y que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, de los que están en la tierra y toda lengua confesará que Jesús es el Señor. ¿Sabe por qué? ¡Porque es el único nombre que es sobre todo nombre!
Quiero que usted vea otro aspecto de esto; porque no tienen nada más que ver con lo que decimos. Dice, “no TOMARAS el nombre del Señor tu Dios en vano”.
Cuando mi esposa y yo nos casamos, mi esposa pasó de ser Lee a ser Witt. Ella tomó ese nombre voluntariamente, gozosamente, respetuosamente y no lo hizo ligeramente. No lo ha tomado en vano. No ha mal representado mi nombre. Al contrario, lo ha dignificado. ¿Por qué? Porque lo hizo con seriedad y con compromiso. Lo mismo pasó cuando muchos de ustedes aceptaron a Jesucristo como su Salvador. Usted tomó el nombre del Señor y le dijo, “Señor, te entrego mi vida, te entrego mi corazón”. En ese momento usted tomó un nombre que es sobre todo nombre. Cuando nos llamamos cristianos tenemos que recordar que cargamos el nombre que es sobre todo nombre que nosotros debemos portarlo con la seriedad, el compromiso, la dignidad y con la elegancia que se merece; ¡ese honor, ese privilegio de llevar el nombre de Jesús sobre nuestros hombros!
En Isaías 43:1 el Señor gustosamente dice: “mío eres tú. Te puse mi nombre”. Dios con mucho orgullo te ha regalado su nombre. Déle gracias a Dios por eso. ¡Qué bueno que tenemos su nombre!
Entonces, ¿cómo nos portamos dignamente?
1. No lo deje en vergüenza. ¡Cuide sus palabras! hable como un representante digno de nuestro Señor Jesucristo. ¡Cuide sus actitudes, cuide sus acciones!
2. Viva a la altura de su gracia. Mateo 10:8 dice, “lo que recibiste de gracia, ahora DA de gracia”. Entonces no cobre usted tampoco nada por dar perdón, ni por la misericordia, ni por una segunda oportunidad
3. Viva con la dignidad del Señor. No sea usted un “pleitonero” (peleonero). Sea usted como Jesús que es manso, tierno, humilde, que ama, besa y abraza la gente ¡No sea enojón! ¡No sea criticón! ¡No sea tristón! ¡No sea obstinado! Pórtese a la altura del nombre que usted ha tomado.
No reduzca a Dios con sus palabras ni con sus acciones. Esto es lo que esta diciendo este mandamiento. No tomes el nombre del Señor en vano. No lo reduzcas ni con tu forma de hablar, ni con tu forma de vivir.
No se trata de ser perfecto, se trata de estar en la lucha, ¡se trata de echarle ganas!
Los Diez Mandamientos
Introducción
¿Qué tienen que ver los Diez Mandamientos con nosotros el día de hoy? Los Diez Mandamientos fueron dados miles de años atrás. ¿Acaso habrá relevancia en los Diez Mandamientos para nuestra vida el día de hoy? ¡Estamos hablando del año 2006! ¿Todavía los Diez Mandamientos tendrán algo que enseñarnos a nosotros el día de hoy? La respuesta a esas preguntas es: ¡claro que sí!
Los Diez Mandamientos son parámetros extraordinarios que Dios nos ha entregado para poder vivir vidas abundantes, para poder vivir como campeones.
Imagínese usted: si todo el mundo le pusiera atención a los Diez Mandamientos, ¡qué distinto sería nuestro mundo! Si todo el mundo le pusiera atención a los Diez Mandamientos, ¡podríamos salirnos de nuestra casa sin ponerle llave! ¡Podríamos dejarle las llaves pegadas a nuestros automóviles! ¡No nos tendríamos que preocupar ni por nuestras hijas, ni por nuestras mujeres porque nadie les echaría el ojo! ¡Podríamos estar tranquilos con nuestros bienes, con nuestras posesiones, porque nadie se los iría a robar!
Si todo el mundo le pusiera atención a los Diez Mandamientos, podríamos vivir vidas mucho más tranquilas pero el hecho de que todo el mundo no les pone atención es por lo que tenemos que tomar precaución y es por lo que las cárceles están llenas de personas que matan a otras y hacen una cantidad de desastres.
Lo que yo deseo hacer a través de esta serie es ayudarnos a usted y a mí a entender que los Diez Mandamientos no son palabras ligeras. De hecho en Deuteronomio, capitulo 32, el Señor dice: Porque no es algo que ustedes deben tomar a la ligera sino que es una ley de vida para ustedes y por esta ley vivirán.
¡Me tendrás a mí!
El primer mandamiento que el Señor nos dice es: “no tengas otros dioses aparte de mí”. Dicho de otra manera: “no tendrás necesidad de otros dioses porque ¡me tendrás a mí!”
Una de las cosas que tenemos que recordar es que cuando el Señor dio estos mandamientos a Moisés era en un tiempo donde el pueblo adoraba a cualquier dios. Se lo pasaban balanceando todo el tiempo a cual dios adoraban. ¡Era un desastre!
Lo que Dios está tratando de enseñarle a este pueblo cuando da estos mandamientos es esto: “Yo soy el que controlo el sol y la lluvia. Yo soy el Dios y el dueño de la luna. Yo soy el Dios de la siembra y de la cosecha. Si tú te encargas nada más de adorarme a mí, yo me encargaré de todo lo demás. No tienes que preocuparte de que se va a molestar el dios del sol. Yo soy el Dios del sol” – dice el Señor – “y yo me encargaré de que haya control y todo esté balanceado”. “No tengas otros dioses aparte de mí. Yo soy tu Dios”.
Romanos 1:18 en adelante, habla acerca de cómo el hombre no le da a Dios el lugar que merece (“no le glorificaron como a Dios”) y como resultado se generan una cantidad de cosas, actividades, acciones y mentalidades.
¡Lo primero que usted y yo tenemos que hacer en nuestra vida es glorificarlo como a Dios! Y le aseguro que usted no será tentado tan fácilmente a hacer todas esas cosas que se encuentran en el versículo 29 en adelante y todo nos va a ir mucho mejor.
Para que usted pueda tener en su mente el cuadro de lo que es, me gustaría que se imaginara una brújula. Dios está diciéndonos, “si tú me pones a mí como el centro de tu vida, entonces vas a saber hacia donde dirigirte”. Cuando tenemos a Dios como el centro de nuestras vidas, usted puede saber como seguirlo a El. Usted siempre va a saber para donde es norte. El problema es cuando cada quien le quiere poner el norte que quiere y dice, “esto es norte” cuando en realidad está apuntando hacia el este.
Cada uno de nosotros somos tentados a hacer dioses en nuestras vidas y nos arrodillamos ante altares de dioses extraños. Por ejemplo el dios del dinero. Hay gente que se postra ante el dios del poder, el altar de la ciencia, el altar del sexo, el dios de la vanidad, el dios del deporte, el dios del temor, el dios de la angustia, el dios de los pleitos, el dios de la lotería, el dios de la música.
No importa el nombre del dios, hay un solo Dios que merece recibir la gloria y la alabanza. ¡Désela a El y nadie más que El porque si lo tenemos a El, tenemos todo!
Por eso es que Dios dice en su primer mandamiento “¡me tendrás a mí! ¡No te va a hacer falta nada!” Cuando nosotros lo ponemos a El como el centro de nuestras vidas no nos vamos a perder, no nos va a hacer falta dinero, no nos va a hacer falta belleza.
El es el centro así que póngalo a El sobre todas las cosas en su vida.