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¿Me caso o no me caso?
Luis Palau
Mis padres se oponen a mi casamiento. Dicen que mi novia es inferior a mí en cultura y educación. ¿Abandonaré mis planes por complacer a mis padres?
Quien se va a casar es usted y no sus padres. Sin embargo, aunque la decisión depende de usted, la opinión de sus padres es de suprema importancia. Cuando usted tome la decisión, la responsabilidad será enteramente suya. Pero el consejo de sus padres es muy valioso pues está basado en experiencia, la que generalmente da sabiduría e intuición.
La Biblia, en Efesios 6 dice:
“Hijos, obedezcan a sus padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra”.
El hecho de que usted me hace esta pregunta, indica que no está seguro de su amor hacia su novia. De otra manera, usted mismo hubiera convencido a sus padres.
Al pensar el asunto ante Dios, debe responder honestamente a las siguientes preguntas:
1. ¿Me siento orgulloso de mi novia, o me avergonzaría de presentarla a un personaje importante?
Cuando le hice esta pregunta a un amigo mío, me contestó: “Mira, aunque la quiero mucho y es bonita, de veras me daría vergüenza presentarla porque le falta educación, no sabe expresarse bien, ni vestir apropiadamente”. Entonces le respondí: “En ese caso, seguro que ella no es para ti”.
Si usted no está orgulloso de su novia, si se avergüenza de presentarla a los demás, significa que en realidad no la ama.
En el cántico al amor en la Biblia, en 1 Corintios 13 dice:
“El amor es sufrido, es benigno, el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, el amor no se envanece”.
Cuando un novio considera que su novia es inferior, quiere decir que está envanecido y por ende no hay evidencias de verdadero amor.
2. ¿Siento respeto por mi novia, o me tomo libertades de maltratarla?
¡Cuántos novios maltratan a su novia y sin embargo insisten amarla verdaderamente! Se están engañando a sí mismos y engañando a su novia.
El mismo cántico al amor de 1 Corintios 13 continúa así:
“… el amor no es indecoroso, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser”.
Si cuando usted se enoja hiere fácilmente a su novia con palabras tajantes, sería otra señal muy evidente de que todavía no conoce el verdadero amor. Claro está que todos tenemos debilidades y a veces perdemos la paciencia, pero si usted ha perdido el respeto por ella y se toma libertades de maltratarla, ya sea con palabras o con hechos, lo mejor es que haga un algo en el camino de su vida y en oración le pregunte a Dios si de veras ama a esta chica o no.
3. ¿Tengo plena confianza en el amor y la fidelidad de ella, o hay celos y sospechas infundadas dentro de mi mente y corazón?
Hay que tener en cuenta que los celos son una proyección de nuestra propia infidelidad. Muchas veces una persona es celosa porque ella misma fue infiel anteriormente y luego sospecha que su novia también lo sea.
Los celos según la Biblia son obra de la carne, de nuestra naturaleza pecaminosa y nuestro YO egoísta descontrolado.
Cuando una persona tiene celos y sospechas infundadas llegando al punto de hacer el ridículo, debe tomar una firme determinación. En primer lugar, arrodillarse ante Dios y pedir perdón, porque los celos son un pecado que destruye la relación entre novios o cónyuges. Dios está siempre dispuesto a perdonar. Pero el perdón no basta, porque a menudo los celos persisten.
Debe pedir a Dios mismo que venga a ordenar su mente en la persona de Jesucristo orando: “Jesucristo, te necesito en mi corazón. Quita con tu poder este egocentrismo que me hace sospechar de la persona que más amo en el mundo. Apodérate de mis pasiones y arráncalas de mi ser. Líbrame de estos celos que me agobian”.
Después de esta oración usted va a experimentar la libertad que el Hijo de Dios otorga. Abrale su corazón a Cristo, El va a renovar su mente, quitándole los celos y sospechas que le impiden gozar de la felicidad que tanto anhela. Ponga su vida en las manos de Cristo ahora mismo.
4. ¿Podemos conversar juntos largamente sin aburrirnos, o no encontramos nada en común para conversar?
Hay un adagio que dice: “El verdadero amor habla”. El verdadero amor desea comunicar, pero cuando una pareja joven no encuentra nada de qué hablar, ¿podrá entablar amistad para el resto de sus vidas?
El matrimonio no es solamente amor físico, sino que incluye también amor moral y espiritual. Implica una íntima comunicación entre el hombre y la mujer.
5. ¿Trato de ser un hombre que inspire su respeto, o pretendo imponerme ante cualquier circunstancia?
Esta es una pregunta sumamente importante. La Biblia dice en Efesios 5:
“Someteos los unos a los otros en el temor de Dios”.
El verdadero amor acude siempre a la mutua comprensión, al común acuerdo, a la sumisión de voluntades. Pero la sumisión es difícil. La Biblia dice que sin Cristo es imposible, porque están en juego dos voluntades egoístas. La única manera de lograr mutua sumisión es que ambas partes se sometan primero a Cristo.
6. ¿Somos mi novia y yo verdaderos creyentes en Jesucristo, o no?
La Biblia dice en 2 Corintios 6:
“No os juntéis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿y qué comunión la luz con las tinieblas?”
¿Tienen usted y su novia a Cristo en el corazón? Ambos deben poner sus vidas en las manos libertadoras de Cristo, de lo contrario nunca van a ser totalmente felices. Esta es la base sólida para tomar la decisión de casarse o no con su novia. *
Ev. Luis Palau
engo veinticuatro años y estoy locamente enamorado de una chica, pero desafortunadamente, ella me desprecia. He tratado por todos los medios de expresarle mi amor, pero ella no ha querido poner oído a mis súplicas. Sale con otros muchachos sin importarle mis sentimientos. Estoy desesperado. He deseado entregarme a las drogas o al alcohol y hasta he tenido deseos de suicidarme. Para mí la idea de la felicidad ha muerto. No sé si sus consejos me pueden ayudar, pero los espero.
Respuesta:
Mi estimado caballero, veo que usted tiene veinticuatro años de edad y un corazón casi diría adolescente. Pero quiero responder con seriedad a su carta, ya que existe seriedad en el contenido de la misma.
Primero, sepa que no puede haber verdadero amor cuando no hay comunicación ni confianza entre dos personas. Todos corremos el peligro de confundir emoción, y a veces pasión, con el verdadero amor. En el caso suyo, se trata de una emoción, una fantasía, que no tiene fundamento en la realidad, porque usted obviamente no conoce a esta señorita, ya que si la conociera tal como ella es, comprendería su proceder.
Hay un pasaje escrito hace centenares de años por un famoso profeta en el cual Dios se dirige al mismo y le dice lo siguiente:
“No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Dios no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo
que está delante de sus ojos, pero Dios mira el corazón” (1 Samuel capítulo 16).
Dígame joven, ¿conoce usted cuál es el comportamiento de esta señorita en su casa, en su vecindario, en la escuela o el empleo? ¿llena ella los requisitos de una muchacha ideal para el matrimonio? Me refiero ideal en cuanto a cualidades espirituales y a la actitud de su corazón, de su personalidad. Usted sabe que uno no debe casarse por puro atractivo físico, que es lo que lamentablemente demasiadas personas hacen.
Le hago otra pregunta, ¿qué tipo de hombre es usted? ¿es usted la clase de hombre que esta señorita respetaría y querría como esposo para vivir con ella treinta, cincuenta, sesenta años? Es una pregunta vital.
Lamentablemente, somos egoístas y muchas veces en lugar de pensar en qué clase de persona somos para que la otra persona nos respete, nos ame y quiera casarse con nosotros, pensamos en lo que a nosotros nos conviene y qué clase de persona es la otra en quien estamos interesados. ¿Es usted de los que practica lo que dice Filipenses capítulo 4? Dice:
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.
Y luego en el mismo libro de Filipenses capítulo 2, dice lo siguiente:
“No hagan nada por egoísmo o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”.
Estimado joven, usted debe reaccionar, tiene que despertar y frenarse de una vez. Usted mismo se ha creado un estado irreal. No quiere ser rechazado por esta jovencita, pues sus sentimientos egoístas están luchando dentro de su corazón y usted francamente, está en conflicto.
Habla del suicidio, el alcohol y las drogas, sencillamente porque su arrogancia y orgullo lo están destrozando. Usted no puede seguir diciendo que está enamorado de esta joven cuando al mismo tiempo piensa en la borrachera y el suicidio. Eso no es amor y de esta manera nunca va a crear un hogar feliz.
Usted debe reconocer que la solución al problema del falso amor que usted llama “locamente enamorado”, no se halla en las drogas o el alcohol, ni en el suicidio. La solución al dilema de su alma es Cristo viviendo en su corazón. Usted necesita un cambio de emociones, un cambio de actitud, un cambio de comprensión de lo que es la vida. Y la vida sin Cristo no es vida.
Si usted no tiene a Cristo en el corazón, no se sorprenda que su vida siga a los tumbos; que otros lo rechacen; no se sorprenda que se encuentre desesperado. Jesús dijo en San Mateo capítulo 9:
“Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”.
Y en San Juan capítulo 15 dijo:
“Separados de mí, nada podéis hacer”.
El dilema suyo, aunque ahora se enfoca en el amor que usted dice sentir por esta jovencita, brota de su corazón. Si usted acepta a Cristo en su corazón, va a tener una actitud calma, genuina, una actitud sin intereses egoístas hacia esta joven.
¿Por qué no le abre su corazón ahora mismo, en este instante? Dígale, “Señor Jesús, he fracasado, estoy ciego, necesito que me perdones, que me guíes, que me cambies. Entra a mi corazón”. Haga esa decisión y su vida comenzará a cambiar.
Luis Palau
Soy una joven de dieciséis años y estoy comprometida para casarme en pocas semanas. Ahora un joven músico se me ha declarado. Me propone matrimonio y estoy confundida. ¿Con cuál de los dos me casaré?
Primeramente usted tiene sólo dieciséis años de edad. En mi opinión es demasiado jovencita y se demuestra en su carta que todavía le falta crecer y madurar antes de hacer una decisión tan seria. Me da mucha pena que ya esté comprometida para casarse.
Usted es una niña de familia; se ve por su carta y por lo que me cuenta. En vista de su confusión, por la declaración de un músico (que me explica usted de dónde surgió este músico) siendo que ya está comprometida para casarse, quiero darle las siguientes recomendaciones.
Primero, rompa su compromiso con el joven con quien se va a casar. Le digo esto porque en mi opinión, en la totalidad de su carta usted me revela que le falta convicción en cuanto a casarse con ese joven.
Segundo, debe rechazar la declaración y el pedido de matrimonio del joven músico. ¿Por qué razón? Vuelvo a decir, porque usted es muy jovencita y porque ese músico no puede ser un hombre serio. Apenas le ha llegado a conocer y ya se le declara para casarse. Es una tontería. Yo le digo que debe dejar a estos dos jóvenes.
Tercero, mi consejo, que no nace de mí, sino de la mejor sicología y mejor aún, de la Biblia, que es la Palabra de Dios, es que usted tiene que consultar con sus padres, no sólo acerca de estos dos jóvenes, sino también de todo otro joven con quien se ponga de novio de seriedad.
Me da la impresión que usted es una señorita bonita para que tantos jóvenes quieran casarse con usted. No se deje engañar por su apariencia y por el atractivo que usted tiene para los jóvenes y para los hombres. La Biblia dice en Proverbios capítulo 31:
“Engañosa es la gracia y vana la hermosura; la mujer que teme a Dios, ésa será alabada”.
Hable con sus padres. Lo que usted me contó con tanta confianza en su carta, cuénteselo a ellos, quienes seguramente van a protegerla y ayudarla a tomar inclusive la difícil decisión de romper con ese compromiso.
En el libro de los Salmos capítulo 32 Dios promete lo siguiente:
“Yo te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre tí fijaré mis ojos”.
Arrodíllese ahora mismo y hable con Dios largamente. En vez de perder tiempo conversando con sus amigas sobre este tema, hable con sus padres, pero primero hágalo con Dios. Ábrale su corazón. Derrame su alma ante El, quien le va a guiar y encaminar, porque Dios dice:
“Yo te haré entender y te enseñaré”.
¡Qué bueno es pertenecer a Dios! ¿No le parece?
Luis Palau
Amaba a mi novia, pero me he cansado de ella y de ese amor. La verdad es que quiero terminar este noviazgo, pero no sé cómo hacerlo. Estimado joven, en vez de recomendarle qué pasos debe tomar para terminar con este noviazgo, prefiero tomar otro ángulo. Quiero hablarle acerca de lo que es el verdadero amor. Naturalmente le recomiendo que termine el noviazgo, porque si no ama a esta pobre joven, no debe partirle más el corazón. Menos mal que son tan sólo novios y pueden concluir esta relación.
Quiero transmitirle alco acerca del amor. A continuación le doy una descripción del mismo; la más bella que jamás he leído, y dice lo siguiente:
“El amor es paciente, es benigno; el amor no es celoso ni envidioso; el amor no es presumido ni orgulloso; no es arrogante ni egoísta ni grosero; no trata de salirse siempre con la suya; no es irritable ni quisquilloso; no guarda rencor; no le gustan las injusticias y se regocija cuando triunfa la verdad. El que ama es fiel a ese amor cuéstele lo que le cueste; siempre confía en la persona amada, espera de ella lo mejor y la defiende con firmeza. Un día se dejará de profetizar, de hablar en lenguas, y el saber ya no será necesario. Pero siempre existirá el amor. Lo mayor de todo es el amor” (1 Corintios 13).
¿No le parece estupenda esa descripción? La saqué de una traducción moderna de la Biblia. Porque la Biblia está llena de estas verdades hermosas. Usted me decía que se cansó de aquel amor, y no ama más a su novia. Pues le diré que el verdadero amor nunca deja de ser, siempre existirá. El que ama es fiel a ese amor cueste lo que le cueste. Siempre confía en la persona amada, espera de ella lo mejor y la defiende con firmeza.
No señor, el amor no muere, no desaparece, y del amor uno nunca se cansa.
Usted se ha cansado quizá de un noviazgo apasionado, pero no del verdadero amor. Muchas veces nosotros hablamos del amor, y no tenemos la menor idea de lo que estamos diciendo. Hablamos quizá de una pasión, un entusiasmo, o un sueño juvenil, o a veces infantil también. El verdadero amor nunca deja de ser, dice la Biblia.
Para conocer el verdadero amor, tenemos que conocer a Dios en forma personal, porque la Biblia dice que Dios es amor (1 Juan 4). Si usted le abre su vida a Cristo, estimado amigo, va a encontrar que El va a llenar su corazón con el amor divino, el amor eterno, el amor verdadero que le ayudará amar a su novia, tal vez no a ésta, sino a la que Dios le tenga destinada; y la va a poder amar hasta la muerte, porque el amor de Dios llena el corazón, y nos da poder para amar aun a aquellos que nos odian.
Pídale a Cristo que venga a morar a su corazón y conozca el verdadero amor, pero sea honesto con su novia y dígale que desea terminar el noviazgo porque hasta ahora no conocía lo que era el verdadero amor.
Luis Palau
Sr. Palau:
Usted conoce mi historia. Respóndame esta pregunta: ¿Puede levantarse y empezar otra vez una muchacha que ha fracasado como yo en la vida? ¿Hay otra oportunidad para mí?
Respuesta:
Por más que alguien haya fracasado, si lo desea puede levantarse, empezar otra vez, nacer otra vez, rehacer su vida.
Hace varios años, durante una de nuestras campañas, estábamos con nuestro programa de televisión. Durante dicho programa contesto preguntas en vivo a las personas que me llaman por teléfono al canal de televisión. Llamó una jovencita, hija de un juez de alta posición. La muchacha tenía 21 años, y tres años atrás había descubierto que su padre tenía un enriedo amoroso con una compañera de colegio suya. El padre había hecho abandono del hogar para irse a vivir con esta “ex compañera”, y la familia toda estaba sumida en profunda tristeza.
Queriendo vengarse de su padre, la chica había arruinado su vida, comportamiento que a la madre no importó demasiado. La joven se fue de su país, consiguió trabajo en una compañía de aviación, se dejó seducir por un médico casado, y empezó a vivir una vida disipada e inmoral.
Cuando llamó a nuestro programa de televisión, la muchacha dijo: “He hecho cosas feas que no quiero recordar, pero ahora quiero recibir a Cristo en mi corazón y empezar mi vida de nuevo, ¿puedo hacerlo?” “Claro que sí”, le contesté. “¿Por qué no viene mañana al canal y te diremos cómo hacerlo?” La chica replicó: “No, quiero hacerlo ahora mismo, aquí en mi casa y por teléfono. Quiero que Cristo entre en mi corazón y me limpie y me de una vida nueva”.
Fue entonces que allí, frente a las cámaras de televisión, ella en su casa y yo en el canal, la guié a recibir a Cristo. Para mí fue una experiencia conmovedora, y para ella fue el comienzo de una nueva etapa, una etapa de transformación profunda por el poder de Cristo.
Todo joven o señorita que haya caído, fracasado, que haya empezado mal, puede tener un nuevo comienzo, una nueva vida con Cristo en el corazón.
Luis Palau