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Y oí la voz del Señor que decía:
¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?
Entonces respondí: Heme aquí; envíame a mí.
Isa 6:8
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Moisés y Aarón fueron a Faraón, y le dijeron:Así dice el SEÑOR, el Dios de los hebreos: “¿Hasta cuándo rehusarás humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo, para que me sirva.
Éxodo 10:3 LBLA
¿Tenía el faraón la opción de humillarse?
El faraón había recibido órdenes desde el cielo para enviar al pueblo al desierto para servir a Dios. La presión había aumentado cada vez más sobre él. Pocas personas en el mundo han recibido mensajes tan claros y milagros y señales tan concretos desde el cielo. Lo normal en una situación semejante sería que la persona reconociera la soberanía de Diosy se humillara ante su mano poderosa.
Esto nos enseña que el faraón era el responsable de lo que hacía. Tenía el libre albedrío para elegir lo bueno y lo malo, y optó por lo malo. Él mismo había endurecido su corazón. Él mismo había tomado la decisión de no humillarse ante Dios. Por eso él fue reprendido por eso. Si Dios hubiera producido todo eso en el faraón sin que él mismo hubiese podido elegir, Él tampoco hubiera sido justo al acusarle por ello.
Así que el faraón era el responsable de sus decisiones y tenía la libertad para humillarse si hubiera querido. Pero tomó la decisión equivocada y esa fue su ruina.
Cuando Dios nos habla, Él espera que nos humillemos ante Él. Si no nos humillamos ahora, un día nos reprimirá por ello. Él espera que cada persona se humille ante Él y le obedezca. Para eso fue creado el hombre. Pero por la libertad que tiene cada persona muchos deciden no humillarse, y esa decisión será su eterna ruina.
El resultado de no humillarse ante Dios siempre será la humillación y la ruina. El resultado de humillarse ante Dios siempre será la exaltación y la salvación.
Ahora, ¡escoge tú mismo!
A toda prisa mandó llamar el faraón a Moisés y a Aarón, y admitió: «He pecado contra el Señor su Dios y contra ustedes.17 Yo les pido que perdonen mi pecado una vez más, y que rueguen por mí al Señor su Dios, para que por lo menos aleje de donde yo estoy esta plaga mortal. Pero el Señor hizo más fuerte y obstinado el corazón del faraón, y éste no dejó que los israelitas se fueran.
Éxodo 10:16, 17, 20 AMP
Cuando las langostas vinieron sobre Egipto y comieron todo lo que podían, el alma de del faraón se debilitó. Llamó a Moisés y a Aarón y reconoció que había pecado contra Diosy contra ellos y les pidió perdón por su pecado y ayuda para ser liberado de la plaga de las langostas. Luego la Biblia dice que Dios fortaleció el corazón del faraón para que él pudiera hacer lo que realmente deseaba, no enviar a los hijos de Israel. En el texto hebreo no está escrito que Dios endureció su corazón, sino que lo fortaleció – vayejazek????? – de la raíz jazak –??? – fuerte.
Esto nos enseña que el arrepentimiento del faraón sólo era ficticio. Sólo se arrepintió en la superficie de su alma para obtener beneficios propios y ser liberado de la plaga. Pero cuando la plaga desapareció, su corazón seguía siendo igual. Su arrepentimiento no había salido de su corazón, sino de su alma. No era profundo. No había cambiado la actitud en lo más íntimo.
Hay muchas personas que vienen a Dios cuando las cosas van mal para pedir ayuda. Saben que su estilo de vida no está de acuerdo con su Creador y por eso sienten la necesidad de confesar sus pecados y pedir perdón. Pero su solicitud de perdón es sólo condicional. Lo hacen con el fin de quedar bien esa vez con Dios para obtener una ayuda momentánea, no para cambiar su vida por completo y dejar de hacer lo que les interesa a ellos mismos. Su corazón no está entregado a Dios. Sólo le buscan por interés. Cuando luego Dios les ayuda se apartan, porque su corazón nunca fue cambiado. No hubo arrepentimiento de verdad, sólo ficticio.
Dios no es un fontanero que se llama cuando hay inundación en la casa. Es un Padre y un Jefe que hay que obedecer en todo y no sólo cuando las cosas van mal.
Deja de vivir para ti mismo. Deja de decidir cuándo vas a hacer caso a Dios. Humilla tu corazón para estar a cuentas con él cuando las cosas van mal y cuando todo va bien. ¡Arrepiéntete de verdad!
Que Dios te dé revelación para entender este mensaje.
Fuente | Libres en Cristo